Carta del fundador (Don Richard)


Carta de D. Richard, el fundador de Albatros, por su XXV Aniversario: 

CARTA ABIERTA… A LOS ALBATROS QUE FUERON; A LOS ALBATROS QUE SON; A LOS ALBATROS QUE SERÁN…
Queridos amigos ex ­ Albatros:
Me dirijo con esta carta a todos vosotros, con los que compartí tantos momentos buenos y felices…Lo hago así, en carta general, porque ya el nombre y la fisonomía de algunos se me han nublado en esta vieja y a veces borrosa cabeza mía. Es cosa de los años y lo tengo bien asumido.
Algunas veces os veo acompañados de vuestras esposas e hijos…Entonces se me alegra el corazón y, puesto a razonar, pienso: “Pero ¡qué buena maña os disteis para traer al mundo hijos tan guapos!”.
Siento un gozo especial cuando algunos me comentáis que ahora, en la vida y en sus problemas, estáis comprendiendo cuánto bien os ha hecho vuestro paso por Albatros: sus criterios cristianos nos han enseñado a distinguir el bien y el mal, a discernir la ambigüedad de tantas cosas y situaciones que algunos consideran excelentes y que nosotros las vemos envueltas en cierta niebla oscura.
Comentáis que es difícil encontrar amigos de tanta calidad y generosidad como los que entonces encontrasteis y que seguís teniendo la suerte de mantener los mismos amigos de aquella juventud…
Entonces yo me alegro de haber sembrado algunas semillas buenas que os han servido en vuestra vida, humana, social y cristiana…Yo me alegro pero sé que el mérito no es mío: es del buen tempero que tenía la tierra de vuestro corazón, donde la semilla pudo (y puede dar) el 40, el 50, o el 90 por ciento.
A los que fueron Albatros, Monitores, Catequistas…deciros, una vez más y cada vez con más convencimiento: “¡Muchas gracias!” Y, cuando estéis repasando algunas fotografías, vuestros hijos os pregunten quién es ese cura que aparece tantas veces, no digáis mi nombre, decid sencillamente “es un cura que amaba mucho a los jóvenes”.
Y a los Leumas y a los Castores, también quiero decirles unas palabras… Me conocéis menos, me conocéis poco, porque no tengo mucha relación con vosotros. En algunos veo la cara de vuestros padres y disfruto mucho sabiendo que ellos están muy contentos porque vosotros estáis también contentos en Castores y Leumas.
¿Sabéis porque elegimos el nombre de Castores? Un monitor encontró un día la historia de los Castores con su vida y costumbres… Resulta que les gusta vivir en aguas limpias y frescas y, cuando quieren construir un dique para mantener las aguas como una piscina, todos trabajan en ese empeño, nadie se “escaquea” del trabajo y con orden, alegría e ilusión les sale una obra perfecta.
¿Y cómo se nos ocurrió el nombre de Leumas? Nadie sabe qué significa ese nombre y nos preguntan a nosotros qué quiere decir. Pues mirad: escribid el nombre LEUMAS con letras mayúsculas y decidles a los preguntones si saben leer. Os van a decir que sí; entonces vosotros les decís: leedlo ahora de derecha a izquierda y ¿qué sale?... SAMUEL…, pues eso, que Samuel era un mocete de 13 años con mucho coraje y un gran corazón; quería servir a Dios y a su pueblo Israel, y estaba en el templo preparándose. Oyó que Dios le llamaba y él respondió: “Aquí estoy Señor, porque me has llamado…”
Un ejemplo precioso para vuestra disposición en los 13 y 14 años de vuestra vida alegre; un corazón limpio donde resuene bien la llamada del Señor, y una disposición grande para ir creciendo en edad, en sabiduría y en gracia, como aquel amigo vuestro que era el profeta Samuel.

A los Albatros que son… y son ahora, en este tiempo nada fácil y en este mundo concreto tan variopinto…
Conozco más a vuestros Catequistas y Monitores, con los que tengo ocasión de hablar con alguna frecuencia. Y, al conocerlos, los sigo admirando como admiraba a los Monitores de los “buenos tiempos” porque, después de algunos años de pequeña crisis, habéis vuelto a dar a la Asociación un espíritu y un empuje nuevos, y me habéis llenado de esperanza en unos tiempos difíciles. Y es que veo vuestro interés para prepararos bien con muchos cursillos y no pocos servicios como ayudantes en los campamentos y convivencias…
Y, a vuestra vera, van caminando los grupos adolescentes de hoy que tienen en vosotros plena confianza. Esta confianza se extiende también a los padres de los jóvenes, lo que constituye un gran signo positivo en estos momentos.
A los grupos de Albatros, XXII y XXIII, no os conozco mucho porque el carnet de identidad ya no me deja estar con vosotros en los momentos más densos y profundos: campamentos, pascuas, reuniones a hora tardía… Pero os hablo muy a gusto en cada inauguración del curso y convivo y charlo con vosotros en muchos momentos previos a las reuniones. Como un viejo roquero, gozo con vuestros años jóvenes y con vuestros proyectos e ilusiones… Y vosotros, con vuestra simpatía y alegría, hacéis con este viejo lo que dicen que ocurre al ave fénix, que resucita y surge nueva desde sus propias cenizas…
A los Albatros que serán…
En la carta a los Efesios, San Pablo nos habla del amor incondicional y eterno que Dios tiene a los hombres: Dios nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por amor…
Antes de crear el mundo Dios, por amor, pensó ya en cada uno de nosotros, a cada uno de nosotros nos amó “antes de crear el mundo”. Podemos decir en ese sentido que “somos tan viejos como Dios”.
Con un amor bastante parecido aman los padres a sus hijos, los sueñan, los añoran en su corazón, antes de que vengan al mundo.
Eso os pido yo: que queramos, ya desde ahora, a los que un día serán de Albatros, aunque todavía no hayan nacido, pero ya están vivos en nuestro corazón…
Conseguir que ese sueño sea realidad es tarea y empeño de los que ese año celebráis, celebramos, las Bodas de Plata de nuestra Asociación… Cuando se inaugura o se celebran Bodas de Oro o Plata de alguna importante Institución, suele el ponente terminar diciendo: “VIVAT”, “CRESCAT”, “FLOREAT”…
Así ha de ser Albatros.
Richard

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